Por: Fundació
Roger Torné
Los últimos informes del
Organización
Mundial de la Salud lo dejan claro: los factores ambientales son cada vez
más importantes en la salud presente y futura de los adultos y los niños, y
desde el momento mismo de la gestación. Una cuarta parte de las enfermedades de
todo el mundo, hasta una de cada tres en el caso de los menores, están
relacionadas directamente con factores ambientales: la polución atmosférica, la
calidad del agua o los contaminantes tóxicos. En los países más pobres, son
responsables de un tercio de las muertes prematuras, incluidos 4 millones de
niños menores de cinco años cada año. En Europa y Estados Unidos, un medio
ambiente más sano reduciría significativamente la incidencia de cáncer,
patologías cardiovasculares, asma y otras afecciones respiratorias.
Por
todo ello, desde la OMS se apunta que cuando
hablamos de salud y prevención, hablamos necesariamente de mejorar el medio
ambiente. Los dos conceptos van de la mano. Y para poder prevenir, el
primer paso es siempre estar informado.
El último
informe
elaborado por la
OMS afirma que los disruptores
endocrinos (sustancias que pueden interferir en el sistema hormonal) tienen
efectos en la salud reproductiva tanto de mujeres como de hombres, y también
causan alteraciones del desarrollo neuronal y de la tiroides, del metabolismo o
del sistema inmunológico, por citar sólo algunos. Y los niños son especialmente
vulnerables, porque la exposición dentro del útero y durante los primeros años
de vida puede afectar a tejidos que se están desarrollando y que pueden tener
consecuencias en la salud de esa persona décadas más tarde.
Más allá de la
obesidad,
que es sin duda uno de los problemas más graves relacionados con la salud
alimentaria ahora mismo (junto, de manera paradójica, con la malnutrición), la
OMS ha detectado recientemente otros factores de riesgo en la
dieta, como el
exceso
de sal y la escasez de potasio.
Se recomienda que, a partir de los dos años de edad y durante toda la edad
adulta, no se sobrepase un máximo de 5 gramos de sal al día, el equivalente a
una cuchara sopera. Los datos de todo el mundo, salvo algunos países africanos,
prácticamente duplican esa cifra. En España la media es de 9,8 gramos por día.
Esto puede tener consecuencias sobre la salud desde muy pequeños, porque
puede causar hipertensión o predisponer a tenerla en la edad adulta. La
principal fuente de sal se ingiere sobre todo a través de alimentos
industriales: precocinados, conservas o pan. En el caso de los niños, el pan y
las patatas fritas son las fuentes principales pero también contienen más sal
de la necesaria buena parte de los purés, cereales, snacks o galletas.
Por el contrario, muy pocas personas consumen la cantidad de potasio
recomendada, un mínimo de 3,5 miligramos por día, y esto también puede tener
consecuencias en la presión arterial. El potasio se encuentra sobre todo en
legumbres, frutos secos, vegetales tales como las espinacas, la col o el
perejil, y frutas como el plátano, la papaya o los dátiles.
Acostumbrarse a comer con poca sal desde pequeños, evitar al máximo los
productos industriales e incorporar más verduras y frutas frescas en la dieta
son las claves no sólo para prevenir estos problemas, sino para tener una
alimentación saludable.
El
informe
de la OMS
publicado hace sólo unas semanas, y cofinanciado por la Unión Europea,
recoge las conclusiones científicas recientes sobre los efectos de la
contaminación del aire en la salud humana. La lista no para de crecer. En
niños: asma, bronquitis y otras enfermedades respiratorias, pero también
problemas cognitivos y de desarrollo neuronal, y bajo peso en el nacimiento,
que puede conllevar problemas de salud crónicos físicos y mentales más
adelante. En adultos, además, diabetes, ictus, enfermedades cardiovasculares y
arteriosclerosis.
La recomendación de la OMS es
clara: hay que reducir de manera significativa los niveles de ozono, óxidos de
nitrógeno y sobre todo partículas en suspensión, provenientes mayoritariamente
de vehículos con combustibles fósiles.
Ahora, a raíz de este último informe de la Organización Mundial de la Salud,
la Unión Europea tiene
previsto
revisar la legislación vigente y rebajar las cantidades permitidas. Los
expertos en salud tienen claro que es necesario, y urgente, cambiar la
normativa y cumplirla.
Contaminación, alimentación inadecuada y componentes tóxicos tienen, más
allá de su peligrosidad, otro elemento en común: los efectos que producen sobre
la salud se pueden prevenir en gran medida, pero para ello es necesario un
cambio a muchos niveles, desde las políticas de salud pública y la legislación
a los hábitos familiares y de consumo. Y no hay tiempo que perder.
Buen fin de semana a tod@s,