viernes, 8 de octubre de 2010

CONVIVENCIA


Desde que nacemos estamos obligados a convivir.

En primer lugar con nuestros padres, hermanos y familia en general. Luego, cuando crecemos y asistimos al colegio, vamos teniendo amigos y compañeros de clase con los que también hemos de convivir.

Para que sea una convivencia sana, libre y positiva tenemos que aprender a "tolerar" a los demás, tenemos que aprender a "aceptar" a los otros tal y como son, con sus defectos y sus virtudes, tenemos que aprender a "escuchar" lo que los otros tienen que decirnos…

Esto no es nada fácil, especialmente cuando somos pequeños y pensamos que siempre tenemos la razón de nuestra parte.

El "ser humano" tiene la necesidad de mantener una relación íntima fuerte con sus progenitores y también siente la necesidad de "sentirse" parte de algo, de una comunidad que le acepta y respeta.

Somos animales grupales (familia, amigos, parejas) y nos sentiremos mucho más a gusto si el ambiente que nos rodea es armónico, feliz y saludable. Pero para ello tenemos que poner todo lo que esté en nuestras manos, no podemos esperar que sean los otros los que den el primer paso, para recoger primero hay que sembrar…

Cuando estamos solos somos más propensos a los accidentes, al suicidio y a un montón de enfermedades mentales. Para sobrevivir hay que poseer una gran dosis de autoconfianza e independencia pero es fundamental el apoyo y la compañía de los otros, esto es algo de lo que no podemos prescindir.

De mi infancia recuerdo la maravillosa convivencia con mi madre, era tan dulce y cariñosa, todos eran "mi niño" pero no era una simple forma de hablar típica de los canariones, ella lo sentía realmente y era capaz de transmitirlo a todos los que la rodeaban, las personas se sentían "en casa".

Cuando me hice mayor y comencé a salir con chicos sufrí el clásico acoso paterno "¿quién es? ¿qué hace su padre… y cuando conocí a Vicente, mi marido, era tan fuerte la oposición "no es de tu clase social", especialmente por parte de mi madre (quien a pesar de su dulzura tenía un fuerte "sentimiento de clasismo" debido a que pertenecía a la "aristocracia" de Lanzarote, su padre era el más rico del lugar y poseía una flota pesquera, total que llegué a sentir que la odiaba con lo que la convivencia en esos momentos no se parecía en nada a la de mi infancia.

Cuando a pesar de la oposición de papá y mamá les comuniqué que el 27 de diciembre (de 1973) me casaba, volvió a ser mi mamaíta querida (ella pensaba que nos queríamos casar porque estaba embarazada). (podéis leer más detalles en mi otro blog "ahora estoy viva" de bitácoras.com)

La convivencia con la pareja suele ser más complicada que la de convivir con tus padres, también con tus hermanos y hermanas es diferente.

En la convivencia con tu pareja tienes que enfrentarte al "dilema del otro", somos dos personas provenientes de estatus sociales, incluso culturales, diferentes, tienes que ir conociendo a la otra persona, conociendo sus gustos, su forma de pensar y actuar, debo reconocer que convivir con Vicente era realmente "maravilloso" pero seguramente porque él me adoraba, como se suele decir "bebía los vientos por mí" y haciendo honor a la verdad yo me aprovechaba pero no tiene que ser así, tiene que ser una comunicación permanente basada en el afecto y la tolerancia que permiten convivir y compartir en armonía en las diferentes situaciones de la vida.